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martes, 26 de mayo de 2015

Tigres o croquetas de mejillón


   Si la semana pasada os traía la recetá básica de masa de croquetas, hoy vamos con un "ejemplo práctico". Siempre he querido escribir algo así, no me digáis que no suena pomposo...

   Tonterías aparte, los tigres son una de mis croquetas favoritas, y sin duda una de las tapas preferidas del pinche. Cierto que dan un poco de trabajo, como todas las croquetas, pero están buenísimos. A mi me gustan además con un toque picantito, como casi siempre preparo cualquier receta de mejillones, pero se puede hacer perfectamente sin añadir la pimienta cayena.

   Recuerdo que de pequeña no podía ver los mejillones ni en pintura, me parecían blandos y asquerosos. A día de hoy aún, aunque me encanta comerlos, si limpio muchos y los observo durante rato me siguen dando un poco de repelús. Pero están tan ricos que lo olvido rápido... Mi madre alguna vez preparaba tigres, con una receta similar a esta, y así si que me encantaban los mejillones. Es una croqueta que conserva todo el sabor del mejillón, pero que para los más aprensivos, está todo bien picadito y no se encuentra nada. 

   Están riqusímos. Si no que se lo pregunten a mis alumnos de las clases de cocina: ha sido una de las tapas que más a triufado sin duda. Aunque no sin anécdota... En la clase (y lo mismo cuando he pasado la receta a mis compis de oficina) no terminaban de entender el proceso de rellenar la cáscara del mejillón, empanar y freir. Me preguntaban "¿y luego cómo se come?". Y yo no entendía que yo no les había explicado que se rellena sólo media concha: ellos creían que se rellenaba, se volvían a unir las dos conchas del mejillón y se empanaba... ¡Nos llevó un buen rato entendernos! Ahora sí, una vez bien explicado, les encantaron y no quedó ni uno en la mesa...


   El relleno que yo preparo incluye un poco de cebolla, para dar más jugosidad, gambas y salsa de tomate. La combinación está buenísima. El único problema es que queda bastante poco firme. Como formaremos las croquetas dentro de la cascára (recordad: sólo una de las cáscaras, jajaja) no pasa nada, se mantienen muy bien. Si preferís no usar las conchas y formar croquetas normales, deberéis usar una bechamel muy firme, y mejor prescindir de la salsa de tomate. 

   Para hacer la bechamel, podéis seguir los pasos que detallo más abajo o si queréis un paso a paso más detallado podéis leer el post de la receta básica de croquetas

miércoles, 30 de octubre de 2013

Tortilla de bacalao con cebolla y pimiento caramelizados

 

   La de hoy es una receta que no es ni receta. Una tortilla sencilla. Cuatro ingredientes. Pero está tan rica que quería enseñaros como hago yo la tortilla de bacalao. 

   Como siempre en las tortillas, está la pelea: ¿muy hecha o poco hecha? ¿Cual es su punto justo? Perdón pero aquí no voy a ceder: una tortilla de bacalao como está rica es así, jugosa, casi líquida, que se deshaga... ahora que si el pinche quiere pasar la suya otra vez por la sartén porque así no le gusta, allá él. Aquí hemos venido a disfrutar de la comida, así que como siempre, para gustos los colores, y cada cual tiene que hacer la tortilla como más le guste, para disfrutarla. 

   Al toque clásico de la tortilla de bacalao tan típica de mi tierra he querido darle un toque especial con la cebolla y el pimiento rojo caramelizados. Eso, un buen bacalao, unos buenos huevos... y una cena rica, y además ligera. ¿Quien se apunta? 

miércoles, 7 de agosto de 2013

Mejillones Sagakani. Receta griega de mejillones con tomate y queso Feta



   Últimamente cocino muy poquito. No es que tenga el blog abandonado, es que en realidad casi no piso mi cocina. Muchas ensaladas, cosas a la plancha, y si preparo algo más elaborado suele ser una receta que ya conozco y que me apetece preparar... Además aprovechando el verano casi no paramos por casa los fines de semana. Por eso casi no publico nada nuevo desde hace tiempo. 

   Pero el otro día, recordando el último viaje que hicimos, ya casi un año, a Grecia, me acordé de estos mejillones Saganaki, que están tan ricos y son tan fáciles de hacer, que me apetecieron mucho. Creo que nosotros los probamos en Kalambaka, el pueblo donde dormimos para visitar los monasterios de Meteora. ¡Que bien cenamos esa noche! recuerdo que queríamos probarlo todo, y todo nos encantaba... 

   Así que aquí los tenéis. No se si la receta se parece o no a la forma tradicional de prepararlos en Grecia, pero esta es mi versión. Rica, fácil, y aunque no sea el mejor momento para comer mejillones, resulta estupenda para una cena de verano, ya que se puede servir templado, y es ideal para compartir. 


   El queso Feta que encontramos por aquí no suele parecerse mucho al original normalmente. En Austria suelo encontrar buenos productos griegos, porque son unos apasionados de su cocina (como para no serlo, que rico todo...). Pero en cualquier caso, merece la pena pagar un poco más por un queso más auténtico, que se deshaga al calentarse, con ese sabor ácido tan característico. 

   A mi me gusta mezclar el queso con el tomate, para que se deshaga en caliente y se mezclen los sabores. Pero queda con una presentación estupenda si en vez de mezclarlo, desmigáis el queso con los dedos sobre el tomate, una vez colocado en la fuente. ¡Que los disfrutéis! 

miércoles, 1 de febrero de 2012

Calabacines rellenos de salmón, gambas y ricotta


   La semana pasada estuvimos pasando unos días estupendos en el norte de Italia, y como en cada viaje, quise traerme algún recuerdo comestible. Cuando vi estos calabacines pequeños y redondos, ideales para rellenar, mi imaginación empezó a volar... no pude resistirme.

   Al relleno le he dado unas cuantas vueltas, pero tenía en la cabeza rondándome la combinación salmón-queso, que últimamente hemos comido en empanada y en pizza, y me apetecía mucho. Pero como estas últimas semanas hemos comido bastante salmón, tampoco me apetecía que fuera protagonista absoluto de este plato. 

   Así que tras meditarlo un poco... ¡el resultado fue todo un acierto! Son fáciles de preparar, porque no hace falta hacer bechamel, el queso ricotta o requesón hace una crema con una consistencia estupenda para el relleno, y el salmón y las gambas le dan un sabor muy bueno. Iba a poner unos tomatitos cherry picados... pero se quedaron olvidados en la encimera. Podéis ponerlos si queréis.


   Me han encantado estos calabacines. Además de visualmente, que quedan preciosos para rellenar, las semillas no se notan, son muy pequeñas y se puede aprovechar toda la carne, que además es muy suave y da al relleno una textura muy cremosa. Y desde que he descubierto lo cómodo que es el sacabolas para vaciar verduras, lo hago en un momento, lo utilizo hasta para los tomates, es comodísimo.

   Si no los encontráis, se pueden comprar calabacines grandes y hacer una especie de vasitos, como en la receta de calabacines rellenos de champiñones, que quedan también estupendos.

martes, 24 de enero de 2012

Salmón con mermelada de naranja


   Esta receta es todo un vicio. A los que seguís muchos blogs de cocina, seguro que os suena. Pero es que es probarlo y te quedas enganchada... y quería compartirlo con vosotros, claro. La receta original es de Cogollos de Agua

   Como otras preparaciones parecidas, como el salmón caramelizado con salsa de soja, es contundente y en grandes cantidades podría resultar empalagoso. Es mejor preparar una ración y quedarse casi con ganas de más. Está buenísimo.

   El salmón es uno de los pescados que más preparamos desde que estamos en Viena, y es que es de los que encuentro con mejor relación calidad-precio. Y como me aburre, me gusta disfrazarlo con este tipo de recetas. El resultado es espectacular, con un juego de sabores estupendo.

   La receta más fácil no puede ser. Perfecta para impresionar, para darse un capricho o para una cena romántica (ahora que se acerca San Valentín y muchos estaréis buscando ideas...). Lo único que no todos los ingredientes son de los que hay en todas las casas (aunque en la mía no faltan). La receta lo vale, y tanto la mermelada, como las semillas de amapola (podéis encontrarlas en herboristerías), las almendras y el jengibre son productos económicos que aunque no soláis utilizar, se pueden comprar sin problema para una cena especial. 

miércoles, 11 de enero de 2012

Mejillones a la provenzal


   Después de haber tenido el blog abandonado un par de semanas (vacaciones, catarro, "vuelta al cole"...) volvemos con una receta fácil, rica y ligera. Porque sí, durante estas fiestas he comido sin remordimientos, cogiendo reservas para el invierno... ¿Que me quieren cebar en casa? ¿Quien soy yo para negarme? Espero que todos hayáis disfrutado tanto como yo. Pero claro, ahora toca volver a la normalidad. Pero aquí nadad de dietas-milagro. Se trata de comer sano, variado, y sobretodo, rico.

   Los mejillones me encantan. Y he descubierto que aquí en Viena los puedo encontrar a un precio accesible. En bolsa, envasados al vacío. Lo cual me ha hecho plantearme algunas cosas. Según tengo entendido (y encuentro en internet), los mejillones se abren al cocerse porque se mueren. Si alguno no se abre, es que estaba ya muerto, y hay que desecharlo. Pero estos que vienen en bolsa... ¡también se abren al cocerlos! ¿Entonces? ¿Es que estaban vivos durante semanas sin aire? no creo... Si alguien lo entiende, que me lo explique... De todas formas los que he usado para esta receta ya vienen cocidos, listos para comer. Y para quitar un antojo no están malos. 

   Eso sí, estas Navidades he podido disfrutar de mejillones ricos, gordos, fresquitos... ¡y no tiene nada que ver con los que compro aquí! Pero bueno, hay que conformarse con lo que hay y adaptarlo lo mejor posible. Y esta receta tan fácil viene estupendamente para los mejillones, y claro, cuanto mejores sean estos, ¡mas rico todavía!

   Es una adaptación a la salsita de tomate picante que tan bien va con los mejillones. A mi me encanta, pero para variar de vez en cuando, el toque de la albahaca te da un sabor muy rico. 

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Revuelto de salmón ahumado y tomate


   Me encantan los revueltos. Creo que lo que más me gusta de ellos es abrir la nevera y con lo que encuentre y dos huevos, tener lista en menos de 10 minutos una comida o cena riquísima. Pero además de mis revueltos improvisados, hay algunas combinaciones de sabores que me gustan especialmente.

   Es lo que pasa con este revuelto de salmón. Siempre que hay una bandeja abierta en la nevera, me guiña un ojo, y me invita a hacerme un revuelto. Con el huevo y el tomate me parece que queda un sabor suave pero intenso, que con un poquito de pan me vuelve loca.

   Cebolla, puerro o las dos cosas para dar un punto de crujiente, y algún lacteo. En este caso he utilizado un quesito con finas hierbas que ha aparecido bagabundeando en el fondo de la nevera. Si no, un chorrito de leche o nata, o una cucharada de Philadelphia o yogurt. Me parece que le dan al huevo, que nunca bato del todo, una consistencia que me encanta. 

jueves, 1 de diciembre de 2011

Risotto de gambas y salmón ahumado


   Si, lo confieso, me encantan los risottos. La verdad es que el arroz me gusta de cualquier manera, y combina estupendamente con lo que haya por la nevera. Pero un buen risotto me pierde. Y además, según dicen, se me da bien.

   Para mi el truco es utilizar un caldo casero, y no dejarlo solo ni un momento, estar vigilándolo, dándole vueltas, añadiendo caldo... 

   Nuestro risotto de hoy, marinero. Bueno, semi-marinero. Lo ideal sería que tuviera un buen caldo de pescado como base, un pescado o marisco fresco... pero no nos quejamos, que estamos en Viena, y aquí lo más marinero que hay es el Danubio... Que no, no es azul. 

   Así que con unas gambas congeladas (pero de las gordas, ¿eh?) y un poco de salmón ahumado, hemos preparado un plato de domingo que para los medios disponibles, y a pesar de las ganas de unas fabes con almejas, no ha estado nada mal.

   La idea de añadir unas especias, en este caso mostaza en polvo y semillas de cilantro la he tomado de Gastronomía&Cia buscando como dar algo de sabor a este risotto de mar sin pescado. Aunque casi no se perciben sí aportan un toque extra de sabor que no le viene nada mal. Igual que el tomate. El caldo era tan sólo de verduras: zanahorias, apio, puerro, perejil, nabo, ajo.

   Que no os engañe el color, que es el mismo que el risotto de calabaza, pero no tiene nada que ver. Una muestra más de como un rescate de sobras de nevera y congelador puede ser un éxito rotundo.

jueves, 28 de julio de 2011

Anchoas (o boquerones) encebolladas a la cazuela


   Como sabéis, siempre que vengo a Bilbao aprovecho para comer pescado. Y concretamente las anchoas me encantan. Normalmente las preparo abiertas y sin más que rebozadas, para mí es todo un manjar.

   Pero por cambiar, por hacerlas un poco más ligeras, por dejarlas hechas con antelación... esta otra forma de prepararlas está buenísima. Con la salsita, con el toque de vinagre como si fuera un escabeche. Es un poco latoso limpiar las anchoas, pero una vez puestos en faena es bastante mecánico y se hace rápido.

   Siempre peleo con mi pinche sobre si anchoas o boquerones... Él dice que son anchoas sólo son si están en salmuera. Yo digo que son siempre anchoas salvo si están en vinagre, entonces boquerones. En realidad no tenía yo muy claro si eran tan sólo diferencias de idioma por regiones o hablábamos de distinto animal. Investigando un poco, creo que anchoas (en el País Vasco), bocartes (en Galicia, Asturias y Cantabria) o boquerones (en el resto) son lo mismo. Pero lo siento, señor pinche, si me preguntas a ver que hay para comer... siempre te diré anchoas.

lunes, 18 de julio de 2011

Bacalao en salsa de limón y huevo


   Desde que estamos en Viena, prácticamente el único pescado que comemos es bacalao. Aprovechamos los viajes a casa para traer unas cuantas bandejas de bacalao salado y lo vamos comiendo poco a poco. A veces encontramos algunos buenos lomos de salmón o bonito congelado, o unas truchas, pero normalmente no es así.

   Antes no lo preparaba nunca, pero ahora me ha enganchado y siempre estoy buscando nuevas formas de cocinarlo: bacalao dourado, club ranero, al ajoarriero, en saquitos con pasas, o simplemente con tomate y pimiento, en ensalada de bacalao con naranja....

   Por eso en cuanto vi esta receta de Lolah, sabía que no tardaría en hacerlo. Está buenísimo. El toque de limón le va estupendamente a la salsa cremosita (que a mi me quedó mucho más gorda que a Lola, pero estaba tremendamente buena...), y a las patatas, y al bacalao... ¡un vicio!

   El la original se llama fricasé de bacalao.  Un fricasé es tradicionalmente un guiso de algunas regiones de francia, normalmente de carne de ave de corral, pero también de otras carnes o pescados. A mi me suena demasiado fino para un plato de un día normal, por lo que prefiero llamarlo bacalao en salsa de limón. Pero no dudéis que cuando lo prepare para amigos, diré fricasé, que queda tan finolis... es como el solomillo Wellington, que me da hasta risa.

   Y si Lola se quejaba de sus preciosas fotos, no os digo nada yo de lo mal que se ven las mías. Pero es que la receta sale tan rica que no podía dejar de contárosla... Saladita, ácida por el limón, cremosa...

martes, 5 de julio de 2011

Salmón caramelizado con salsa de soja


   Tras tener el blog un poco abandonado a la vuelta de vacaciones (¡cómo me ha costado arrancar y ponerme las pilas!) vuelvo con una receta que espero que os guste tanto como a nosotros. Este salmón caramelizado con salsa de soja es una receta que me dio mi amiga Patri hace un tiempo, y que tenía pendiente repetir para publicarla en el blog. Y para disfrutarla otra vez, claro, ¡está buenísima!

   Ella no me dio más que unas pautas para hacerla, así que puede que la receta original sea incluso mejor. Pero os puedo asegurar que así queda irresistible. No es como para comer un plato grande, ya que puede resultar demasiado por el caramelo. Pero para nosotros, la cantidad de un lomo pequeño de salmón por persona, está muy bien.

   Lo he acompañado de un poco de arroz jazmín, sin más que aliñado con unos anacardos y un chorrito de aceite de oliva. El plato no necesita más complementos.

   Aprovecho la entrada para contaros que mi receta de sopa fría de yogurt y melón ha sido elegida como una de las 25 ganadoras del concurso de Lazy Blog. A finales de año, Paco publicará su libro con recetas del blog, y en él saldrán también nuestras versiones de sus recetas. Me hace muchísima ilusión.

   Pero es que además, mi receta ha sido una de las tres ganadoras de un estupendo lote de carne de Villa María. ¡Y comparto premio nada menos que con Sandeea y David Monaguillo! Estoy que todavía no me lo creo...
 
   Así que vamos con la receta, que creo que está a la altura de las circunstancias, ¡que la disfrutéis!

lunes, 4 de abril de 2011

Falso risotto de quinoa con salmón


   La receta de hoy ha sido todo un descubrimiento. La idea me la dio mi amiga Itxaso, aunque la receta no vino con muchos detalles. "Pues sí, lo haces y luego con un poco de leche...". Así que he improvisado. No sabía si el plato terminaría en la basura, pero el resultado ha sido buenísimo. 

   Evidentemente no se parece mucho a un risotto, pero queda cremoso y la idea es parecida... llamémosle falso risotto y que nadie se tire de los pelos...

   La quinoa es algo así como un superalimento. Es un pseudocereal (ya que no es un cereal propiamente) con una cantidad enorme de aminoácidos y de muy fácil digestión. Además tiene muy pocos carbohidratos, muchas vitaminas y minerales, y no tiene gluten. ¿Se puede pedir más? Ah, si, que esté rica.  Yo la probé en ensalada, como si fuera un tabouléh para I Love Tapas, y no sabía muy bien en que otros platos usarla. Tiene un sabor especial y una textura también distinta, que merece mucho la pena probar. En casa ya se ha adueñado de un huequito en nuestra dieta.


   Me ha gustado mucho este falso risotto con salmón, os animo a que lo probéis y me deis vuestra opinión. 

Ingredientes (para 2 personas):
   - 1 vaso de quinoa
   - 1 lomo de salmón, como una ración pequeña
   - 1/2 cebolla
   - 5 tomatitos cherrys (o tomate normal)
   - 1/2 vaso de vino blanco
   - 1/2 vaso de leche
   - Queso brie o camembert
   - Sal, aceite de oliva, pimienta

Elaboración:
   El primer paso es elaborar la quinoa. Hay que lavarla muy bien antes de cocinarla en agua fría, para eliminar todo el polvillo exterior. Una vez lavada y escurrida, la ponemos en una cazuela y la calentamos unos minutos, para que se evapore el agua y se tueste ligeramente. Cuando empiece a desprender un aroma a tostado, le damos unas vueltas más y añadimos algo menos de 3 vasos de agua. La proporción normal es de 1 de quinoa y 3 de agua, pero en este caso luego le añadiremos más liquido.

   Añadimos un poco de sal y cocemos a fuego medio unos 15-20 minutos, hasta que se absorba todo el agua. Una vez cocida, la quinoa se vuelve transparente.

   De mientras, picamos la cebolla en trozos pequeños y la ponemos a pochar en una sartén con un chorrito de aceite. Una vez bien blanda, añadimos el salmón en tacos de unos 2cm y el tomate muy picado. Salpimentamos y salteamos durante unos minutos.

   Cuando esté hecho el salmón y cocida la quinoa, añadimos el vino a la sartén. Enseguida incorporamos la quinoa y removemos bien. Seguimos cocinando unos minutos a fuego algo fuerte hasta que se absorba y reduzca todo el líquido. 

   Retiramos del fuego y añadimos la leche, removiendo hasta que se mezcle bien. 

   Servimos bien caliente y colocamos unas rodajas de queso brie sobre cada plato. La mezcla del queso derretido con la quinoa y el salmón es espectacular. 


viernes, 1 de abril de 2011

Ensalada templada de gulas y queso de cabra


   Por si aún no os habéis dado cuenta, me encantan las ensaladas. Son fáciles de preparar, admiten todo tipo de ingredientes, son ligeras, frescas, y están riquísimas.

   Esta ensalada está buenísima. Nos la preparó nuestra amiga Mai la ultima vez que nos vimos, en su casa en Navidad. De hecho creo recordar que fue el 31 de diciembre, así que esta fue parte de nuestra última comida del año. Dani, Mai, muchísimas gracias por la receta (y lo demás) y un besote enorme, ¡tenemos muchas ganas de veros!

   La idea original es con canónigos. Como son unas hojas fuertes y con sabor, son la base perfecta para esta ensalada de sabores y texturas. En nuestro caso hemos usado una mezcla de espinacas, rúcula y canónigos que ha resultado muy buena también. Lo importante es hacerla con unas hojas de este estilo. 

   Las gulas las hemos usado de lata. Vienen preparadas al ajillo, y tienen la cantidad justa para una ensalada o un revuelto, por lo que siempre tengo alguna como fondo de despensa. Eso sí, tienen muchísimo aceite, ¡así que lo primero que hay que hacer es escurrirlas a conciencia!


Ingredientes:
   - Canónigos o alguna hoja fuerte para ensalada: rúcula, espinacas...
   - Queso de cabra. En rulo o tipo ensaladas.
   - Gulas
   - Cebolla frita (tipo Ikea)
   Para el aliño:
   - Sal, aceite de oliva virgen extra, vinagre de módena

Preparación:
   Colocamos los canónigos repartidos en el fondo del plato. Sobre ellos, ponemos el queso de cabra cortado a trocitos. 
  
   En el último momento antes de servir, hacemos las gulas. Si vienen preparadas, tan sólo será necesario escurrir bien el aceite y ponerlas en una sartén sin más aceite. Las hacemos unos minutos hasta que se templen. Si vienen sin preparar, ponemos un chorrito de aceite en la sartén y doramos un ajo en láminas finas. Opcionalmente podemos añadir una guindilla. Cuando empiecen a tomar color, añadimos las gulas y cocinamos hasta que se templen.

   En un vaso, ponemos la sal, el aceite de oliva virgen extra y el vinagre de módena suficiente para aliñar la ensalada. Con una cucharita, removemos con energía hasta que emulsione (se junte sin que podamos distiguir las partes) formando una crema.

   En el momento de servir, colocamos las gulas templadas (podrían ser ya frías también) sobre la ensalada, y sobre ellas un poco de cebolla frita. Aliñamos con nuestra emulsión y servimos.

lunes, 28 de marzo de 2011

Bacalao Dourado o Bacalhau à Brás



   En mi última visita a Bilbao me traje una pequeña remesa de Bacalao. Hasta ahora no me había animado mucho a prepararlo en casa, pero a partir de ahora cada vez que venga visita de España, encargo bacalao. Como echo de menos el pescado aquí en Viena...

   Esta receta tenía muchas ganas de hacer esta receta típica portuguesa. La probé una vez. No tengo ni la más remota idea de dónde, pero me quedé con el nombre. Bacalao dourado, o dorado, es por el bonito color del plato... pero no sabía ni que llevaba. 

   Así que cuando tenía unas estupendas migas desaladas, me puse a buscar la receta. La encontré en algunos blogs, pero me quedé con la receta de Mercado Calabajío. Sus recetas, además de perfectamente explicadas paso a paso, son éxito asegurado... Allí he descubierto el otro nombre de la receta, en portugués Bacalhau à Brás. Parece ser que este era el nombre de un mesonero de Lisboa que puso de moda este delicioso plato. 

   El resultado, riquísimo. Y se hace con 4 ingredientes. Aunque al leer la receta puede parecer un poco elaborado, todos los pasos son muy sencillos, y merece muchísimo la pena.


Ingredientes:
   - 250g de bacalao salado. Yo usé unas buenas migas
   - 2 patatas
   - 2 huevos grandes
   - 1/2 cebolla
   - 2 dientes de ajo
   - Sal, aceite de oliva virgen extra

Preparación:
   Lo primero que tenemos que hacer es desalar el bacalao. Para ello, lo ponemos en agua fría en remojo unas 24-36 horas. Durante este tiempo deberemos cambiarle el agua unas tres horas, y conservar siempre en la nevera. El tiempo dependerá del grosor de las piezas. Yo tenía unas migas grandes, así que lo tuve algo menos de 24 horas y quedaron perfectas.

   A la hora de preparar el plato, lo primero es freír las patatas, muy finitas, tipo patatas paja. Para ello, las pelamos y lavamos, y las cortamos lo más finitas que podamos. Si tenemos una mandolina, perfecto. Si no, yo lo hice con paciencia y un cuchillo bien afilado... no se tarda tanto. Ahora es donde viene el truco: para que no se peguen, las ponemos unos minutos en un cuenco con agua fría antes de freírlas. Así perderán el almidón y no se pegarán nada.

   En abundante aceite muy caliente, freímos las patatas muy bien secas en un papel de cocina, en tandas para que no se amontonen mucho, hasta que estén doradas. Las colocamos sobre otro papel de cocina para que suelten el aceite sobrante y reservamos.


   Mientras vamos friendo las patatas, cocinamos al vapor unos minutos el bacalao, para poder desmigarlo cómodamente. En una vaporera es lo más cómodo. Si no tenemos, en una sartén con un mínimo de agua y con tapa, lo haremos perfectamente. Un par de minutos es suficiente. Después, lo dejamos templar y lo desmigamos.

   En una sartén grande, en la que luego pondremos todos los ingredientes, ponemos a pochar la cebolla muy picada. En la misma sartén, ponemos un diente de ajo entero con piel pero golpeado, que luego retiraremos. Aparte, en un mortero, majamos el otro diente de ajo y le añadimos un dedo de agua. 

   Cuando la cebolla esté muy blanda y ligeramente dorada, retiramos el ajo y añadimos las migas de bacalao. Cocinamos un par de minutos, y añadimos el ajo que teníamos majado con el agua. Removemos hasta que se evapore el agua, y entonces añadimos las patatas.

   Cocinamos todo junto otro par de minutos, para que se mezclen los sabores.


   Batimos los huevos con una pizca de sal y la añadimos a la sartén. Removemos hasta que cuajen, pero sin que llegue a quedarse seco.

   Servimos caliente con unas tostas de pan para acompañar. Podemos colocar sobre el plato cebolla, perejil picado y aceitunas negras. Pero yo lo acompañé de una sencilla ensalada de tomate, que combina perfectamente con el sabor.


miércoles, 9 de febrero de 2011

Quiché de salmón, brocoli y queso azul - Receta de sobras


   Adoró los Quichés. Se pueden comer fríos o templados, son perfectos para llevar a una fiesta porque son facilísimos de transportar, y sobre todo, porque admiten cualquier relleno. El de hoy, de brócoli, salmón, y queso azul, lo he hecho con algunas sobras que había en casa. Por eso aprovecho para presentarlo al concurso de Laube, del blog Sano y Derechupete, que tiene por tema ¡Aprovéchame!


   Teníamos un poco de brócoli cocido que había sobrado de ayer. Un resto que no daba para un plato, y para compartir como guarnición tampoco daba para mucho. Además, me pasé en la cocción, con lo que estaba un poco blandurrio. Y además el pinche me llevaba un par de días recordando que teníamos salmón a puntito de caducar en la nevera. Es curioso la poca fecha de caducidad que tienen aquí los productos, hay que hacer la compra casi a diario. Así que venía yo pensando en como sacar de ahí una comida... y lo he visto claro: hace poco vi en un blog una quiché de salmón, brócoli y queso azul... ¡esta es la mía! Pero cuando he llegado a casa a mirar corriendo la receta que tenía guardada, resulta que era esta apetecible pastel de salmón, espinacas y queso feta, de Alimonia. Buenísima pinta, pero no era lo que buscaba... Pero está en la lista de pendientes, que pinta tiene...

   Pues nada, a improvisar, que ya se me había metido en la cabeza. Es lo bueno de las quichés, no tienen misterio. Lo ideal es hacerlo con masa quebrada, pero tenía una masa de hojaldre en la nevera que también necesitaba usar, y esta receta va de aprovechamientos,  ¿no? pues con hojaldre está buenísima también... Así que así es como ha nacido esta receta que repetiremos, nos ha encantado.


Ingredientes:
   - Unos brotes de brócoli cocidos, sobras (o no) de una comida anterior
   - 100g de salmón ahumado (a punto de caducar, aunque esto no es necesario)
   - Queso azul, el mío tipo Gorgonzola
   - 4 huevos
   - Un chorro de nata (yo no tenía en casa, así que he puesto leche: más ligero y de aprovechamiento)
   - Sal, pimienta 
   - 1 lámina de hojaldre (o mejor aún masa quebrada)

Preparación:
   Precalentamos el horno a 200º. Cortamos la lámina de hojaldre del tamaño de nuestro molde y lo colocamos con cuidado de que quede bien pegado al borde. Es importante que el fondo quede bien colocado. Podemos recortar las esquinas para darle a los bordes una altura uniforme, cortando de donde sobre y poniendo donde falte: se pegará con una ligera presión que hagamos. Yo he utilizado el propio papel de horno que trae para que sea mucho más fácil despegarlo del molde cuando esté hecho. Pinchamos ligeramente el fondo del hojaldre con un tenedor para que no se hinche al hornear y reservamos en la nevera hasta que tengamos listos el resto de ingredientes.


   Si el brócoli es fresco, lo cocemos, o lo hacemos al vapor con un poco de sal. Con que esté al dente es suficiente, no es necesario que esté muy hecho. Lo cortamos en ramilletes pequeños. Troceamos el salmón en tiritas, y partimos el queso en dados o trozos pequeños.

   Batimos los huevos, les añadimos una pizca (muy poca) de sal y un poco de pimienta molida. Incorporamos un chorrito de nata o leche y mezclamos bien.


   Colocamos dentro del molde todos los ingredientes bien repartidos. Yo he puesto un poco de brócoli, la mitad del salmón, y unos trozos de queso, y luego otra vez en el mismo orden. No han sido capas como tal, ya que estaba todo muy repartido. Por último, añadimos el huevo con cuidado y movemos un poco el molde para que llegue hasta todos los rincones. Si flota algún trozo de salmón podemos empujarlo un poco hacia adentro.


   Tan sólo queda hornear. Yo uso un molde pequeño, de 16 centímetros de diámetro. Me gusta mucho más así porque queda más alta la quiché. Pero se puede hacer sin problema en el típico molde grande y bajito. En ese caso, será suficiente con 20 minutos de horno. Yo, como tenía una altura de unos 7cm, lo he tenido unos 35 minutos. En cualquier caso, estará listo cuando pinchemos en el centro con un palillo y salga húmedo pero limpio. 


   Se puede comer frío o mejor aún, templado. Acompañado de una ensalada tenemos una comida o cena, más que completa, sana y riquísima. Y en este caso... de aprovechamiento. 

lunes, 10 de enero de 2011

Langostinos al limón - receta de Tina


   Ayer volvimos a Viena después de tres semanas de vacaciones, que como veis se han dejado notar en el blog. Han sido tres semanas de desconexión, comer mucho, cocinar poco, retomar fuerzas, hacer mil planes, y recargar pilas para empezar este año nuevo con muchas ganas y muchos proyectos. 

   Estos langostinos los prepara la abuela de mi pinche y están buenísimos. Por un error de "logística" preparamos el plato con langostinos cocidos, cuando lo ideal es que sean crudos, pero así veis como no hay problema en hacerlos con ellos cocidos. La salsa tiene más sabor si se cuecen las cabezas crudas, pero aún así está buenísima, no hay manera de dejar de mojar pan.

   Cámara en mano hice un reportaje a Tina en la Cocina (por supuesto es un guiño a Anita Cocinitas) que creo que está deseando ver. La decoración del plato corrió a cargo de Centenera Cocinera, que al día siguiente nos preparó un arroz negro fantástico, pero del que no hubo reportaje. Pendiente queda para la próxima visita.

   Espero que hayáis disfrutado mucho de las fiestas y que el 2011 esté lleno de proyectos y novedades para todos. Y que no hayáis acabado hasta las narices de langostinos, porque esta receta está buenísima...

Ingredientes: 
   - 24 langostinos crudos (o cocidos)
   - 4 dientes de ajo pelados
   - 1 ramillete de perejil
   - Zumo de 1 limón grande
   - Sal, aceite de oliva


Preparación:

  Lo primero que tenemos que hacer es pelar los langostinos (dejando la puntita de la cola para cogerlos del plato) y reservarlos. En una sartén grande colocamos todas las pieles y las cabezas junto a un vaso grande de agua y una pizca de sal y cocemos 10 minutos a fuego medio.

   Una vez cocinado, lo pasamos todo a un vaso de la batidora y lo trituramos unos 5 minutos, hasta que quede prácticamente una crema fina. 


   En la misma sartén grande de antes, con un buen chorro de aceite, doramos los ajos muy picaditos. Cuando empiecen a tomar color, añadimos el perejil muy picado también y salteamos 1 minuto. A continuación añadimos el zumo de limón y 1/2 vaso de agua y cocemos a fuego suave 2 minutos. 

   Sin retirar del fuego, es el momento de añadir la crema que ha resultado de triturar las pieles de los langostinos. Para ello nos ayudamos de un colador de malla fina (mejor si es más grande que el que se ve en la foto, es mas fácil así) y un mazo de mortero. Podemos añadirle una cucharada del caldo que tenemos en la sartén para que resulte más sencillo. Colocamos un par de cucharadas de la crema en el colador y con ayuda del mazo, vamos apretándolo contra él hasta que quede seco. Lo desechamos y repetimos la operación poco a poco con toda la crema. 


   Mezclamos bien y dejamos cocer otro minuto. Probamos de sal y si fuera necesario, rectificamos. Tan sólo queda añadir los langostinos. Si como en nuestro caso son cocidos, los añadimos, mezclamos y retiramos del fuego. Si son crudos (mucho mejor) los dejamos cocinar a fuego medio un par de minutos, pero no más, para que terminen de hacerse con su propio calor.

   Podemos decorarlos con unas rodajas muy finas de limón, y están perfectos fríos, no es necesario recalentar el plato ni servirlo recién hecho, por lo que son estupendos para una comida en la que no queremos que todo sea de última hora. ¡Que los disfrutéis, y cuidado con el pan!


martes, 2 de noviembre de 2010

Bonito encebollado con salsa de soja


   En Austria no hay costumbre de comer pescado. Conclusión: No hay manera de encontrarlo. En el mercado sí, pero a precio de langosta... "para ocasiones especiales" como me dijeron el otro día...

   En el supermercado, sólamente en la sección de congelados. Y viene en forma de cubos. Luego no está mal de sabor, pero está cortado en forma de cubos, de 10x10 cm y 1cm de altura... pero bueno, es lo que hay, así que lo compro.

   Y que sorpresa al abrir el otro día una caja de atún, esperando encontrarme cubos de atún y me encontré dos estupendas tajadas!

   Se merecían una elaboración especial, así que nació este estupendo Atún encebollado con salsa de soja.

Ingredientes:
   - Atún limpio para 2 personas
   - 1 cebolla pequeña
   - 2 tomates de pera
   - 1 chile rojo fresco pequeñito (opcional).
   - 3 cucharadas de salsa de soja
   - Sal, aceite de oliva, pimienta negra
Preparación:
   En una sartén, con un poco de aceite de oliva, pochamos la cebolla en juliana un par de minutos, junto al chile picadito sin pepitas. Añadimos los tomates picados en dados pequeñitos, mezclamos bien y añadimos 3 cucharadas de salsa de soja. Tapamos y cocemos a fuego suave unos 10 minutos, hasta que la cebolla esté muy blanda.

   Cuando tengamos lista la salsa, la retiramos a un cuenco o plato aparte. Salpimentamos el bonito y lo hacemos en esa misma cazuela: que se dore por ambos lados, pero sin llegar a hacerse del todo. Añadimos la salsa que teníamos reservada, tapamos, y cuando rompa a hervir retiramos del fuego: terminará de hacerse con su propio calor.

   Original, fácil y rápido, con un ligero toque picante que le va estupendamente.

martes, 28 de septiembre de 2010

Wok de rape y gambas al curry rojo


   Estos días de mudanzas y preparativos tan sólo tenemos tiempo de preparar cositas rápidas de comer, pero no por ello menos ricas! Como este curry rojo de rape y gambas. Lo único complicado es encontrar la pasta de curry rojo. Lo demás, más fácil imposible. Tenía unas colas de rape y unas gambas (de las gordas, que sepan a algo) congeladas, así que nos preparamos un plato riquísimo en un momento.

   Como era la primera vez, se me fue un poquito la mano con el curry y pica mucho mucho, pero a nosotros nos gusta así. Además como los fideos de arroz son sositos la mezcla queda muy rica. 

Ingredientes:
   - 2 colas de rape pequeñas o 1 mediana
   - Un buen puñado de gambas grandes o langostinos, pelados
   - 1/2 cebolla
   - 1 zanahoria pequeña
   - 1 pimiento verde pequeño
   - 2 cucharadas (o 1, al gusto) de pasta de curry rojo
   - 1 vaso de agua
   - Para acompañar: Fideos de arroz Vermicelli

Preparación:
   Cortamos las verduras en juliana y las salteamos en un wok o sartén. Cuando empiecen a ablandarse, añadimos una o dos cucharadas de pasta de curry rojo y medio vaso de agua y cocinamos a fuego medio unos 5 minutos. Si vemos que queda muy seco podemos añadir algo más de agua.
   Cortamos el rape en trozos de bocado y lo hacemos ligeramente a la plancha. no hace falta que se haga mucho, tan sólo que se dore ligeramente por ambos lados.

   Aparte, ponemos a cocer los fideos de arroz. Lo mejor es seguir las instrucciones del fabricante. En mi caso, los cocemos 2 minutos en abundante agua hirviendo con sal. Cuando estén listos escurrimos y reservamos.

   Añadimos el rape y las gambas al wok y cocinamos hasta que se hagan, con un par de minutos servirá.

   Servimos sobre los fideos y disfrutamos acompañados de vino blanco o cerveza fresquita, que nos harán falta para bajar los calores del picante. ¡Que aproveche!

jueves, 16 de septiembre de 2010

Aperitivo de mejillones con verduras



   De mi último viaje a Pontevea, en A Coruña, me traje una tremenda empanada (gracias Mari Carmen), un montón de verduras de la huerta (gracias Manolo), la tripa a rebosar y esta estupenda receta de mejillones, que Mari Carmen nos ponía con una cervecita después de la piscina y antes de los percebes... ¿existe una vida mejor?

   La receta os la daré sin cantidades, que es como me la dio María, ya que así se la dio su madre. Bueno, ya sabéis como es esto de las recetas. Es importante que las verduras estén muy hechas y que el plato se sirva bien frío.

   El primer bocado sorprende, porque te esperas un sabor a vinagreta, por el aspecto del plato, pero no tiene nada que ver. Están buenísimos, ya vereis.

Ingredientes:
   - Unos buenos mejillones, unos 2 kilos
   - 1 cebolla
   - 1 diente de ajo
   - 1 pimiento verde
   - 1 pimiento rojo
   - Perejil
   - Coñac
   - Vino blanco

Preparación
   Lo primero que tenemos que hacer es abrir los mejillones. Como no vamos a usar las cáscaras, tan sólo debemos quitarles la suciedad y las barbas, no hace falta esmerarse en limpiar las conchas.
   Los ponemos en una cazuela ancha con un fondo de agua y los retiramos según se vayan abriendo. El agua resultante de abrirlos la colamos y reservamos.

   Picamos las verduras y las doramos en una cazuela. Cuando empiecen a tomar color, añadimos el perejil muy picadito, un buen chorro de vino, otro de coñac y algo de agua de los mejillones. Cocinamos a fuego medio hasta que las verduras estén bien hechas. El caldo tiene que quedar muy reducido, pero añadiremos más agua de los mejillones si vemos que se nos queda demasiado seco.

   Cuando estén listas las verduras añadimos los mejillones sin cáscara y dejamos cocer 5 minutos para que se integren bien los sabores. Cuando se temple lo dejamos enfríar en el frigorífico, se conserva bien varios días.



   Servimos bien fresquito acompañado de una cervecita o un buen alvariño, ¡y a disfrutar del aperitivo!

viernes, 3 de septiembre de 2010

Tortilla de pescado y cebolla caramelizada

 
   Cuando vengo a Bilbao unos días una de mis obsesiones es comer buen pescado. Si, en Madrid también se puede encontrar, pero normalmente a altos precios, o en pescaderías de barrio a las que nunca tengo tiempo de ir... Así que cuando estoy aqui, aprovecho. Y prácticamente como más me gusta es al horno sin más que con un poco de sal y luego un sofrito de ajos y una gota de vinagre por encima... 

   Y a veces sobra, y claro, al día siguiente no está tan bueno, así que cuando vi la idea de utilizar los restos de pescado al horno para hacer una tortilla en Pistoynopisto, me pareció una idea fantástica. Ya lo hemos hecho algunas veces, pero aún no os lo habñia enseñado, y ¡está riquisima!

   Y es ligero, y aprovechas los restos y es fácil y es sano y es ligero... ¿quien da más?


Ingredientes:
   - Un buen trozo de pescado al horno, sobras de la noche anterior. En mi caso, lomo de merluza y algo de cogote
   - 1 cebolla
   - 4 huevos
   - Sal, aceite de oliva, pimienta negra o especias al gusto

Preparación:
   Lo primero que tenemos que hacer es caramelizar la cebolla. La ponemos en juliana a fuego suave  mucho rato, hasta que se vaya caramelizando en sus propios azúcares. Esta es la forma idónea, pero si no tenemos tiempo yo suelo hacerla añadiendo una cucharadita de azúcar moreno y un chorrito de vinagre de módena a la cebolla pochada y cocinando un par de minutos más.

   Desmigamos bien el pescado, teniendo especial cuidado en que no queden espinas. Lo añadimos a los huevos batidos junto a la cebolla caramelizada. Si el pescado tenía guarnición también podemos ponerla  troceada en la tortilla: pimientos, patatas, tomate... Añadimos una pizca de sal y pimienta, u otras hierbas arómaticas o especias que nos apetezcan: tomillo...

   Volcamos a la sartén y cuajamos al gusto, como una tortilla de patatas. A mi me ha quedado un poco más finita de lo que me habría gustado, tras un pequeño percance con las sartenes de mi madre y la placa de inducción que aún no controlo... pero estaba deliciosa. Acompandolo de una buena ensalada tenemos un rico plato único.


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