martes, 10 de abril de 2012

Costillas de cerdo a la soja y miel:


   En mi casa las costillas de toda la vida se hacen de la forma más rápida y fácil. Al horno fuerte, en menos de media hora la cena lista. Si acaso, adobadas un rato antes. A mi me encantan así, pero a mi pinche eso de rebañar los huesos no le gusta nada. Le gustan muy hechas, que la carne se separe sola del hueso, como en los restaurantes americanos. Y con ese saborcito a barbacoa...

   A mi es verdad que así me gustan mucho también, pero no quería esta vez tirar de salsas industriales, y además me apetecía un toque distinto...
   
   Navegando en busca de inspiración surgió esta forma de prepararlas. Los tiempos y la idea, de Carlos Dube, Mercado Calabajío. La salsita de soja y miel de las chicas de Gastromaniac. Y no me equivoqué con la elección. Riquísimas, tiernas y jugosas, con un exterior un poquito dulce pero nada empalagoso, toda una delicia. 
   
   Para acompañar, unas patatas panadera al horno. El truco es cortarlas muy finitas para que se hagan a la vez que se doran las costillas. Con un poco de cebolla y hierbas aromáticas al gusto, están riquísimas, y mucho más sanas que fritas en aceite.

martes, 3 de abril de 2012

Linzertorte o tarta de Linz


   La receta de hoy viene con historia. Es una Linzertorte, tarta de Linz. Linz es la capital de la Alta Austria, y aunque esta tarta es muy conocida por todo el país, así como en los países vecinos, tal y como su nombre indica, procede de la ciudad de Linz. 

   La receta de esta tarta dicen que es la más antigua del mundo, ya que existen referencias escritas con la receta desde 1696. La que os traigo hoy no se si se parece o no a aquella tarta original. Pero mi amigo Dirk la ha probado y dice que sí se parece mucho a las que hacía su madre en Alemania cuando eran pequeños. Así que algo sí se parecerá. 

   ¿Y porqué os la traigo? Primero, porque está buenísima. Segundo, porque curiosamente, nuestro tiempo en Viena está muy ligado a esta tarta. Nada más llegar hace un año y medio, para celebrar el cumpleaños de mi pinche y el de su familia, la compramos en el super. No teníamos ni idea de repostería austriaca ni de recetas tradicionales. No habíamos oído hablar de ella. Y me encantó. Hace cosa de un mes, invitamos a Laura a comer a casa de forma improvisada, y como quería traer algo de postre, la compró. No sabía si la habíamos probado o no... Creo que son las únicas dos veces que hemos comido tarta comprada en casa desde que estamos aquí. Y las dos veces la misma.

   Pues bien. A mediados de abril, dejamos Viena. Me ha salido un trabajo en otra provincia y tenemos que mudarnos a todo correr y comenzar con una nueva aventura. ¿Sabéis dónde? Sí, en Linz.


   Así que aquí está mi pequeña celebración, mi momento emotivo, mi homenaje dulce. Una tarta contundente, con aroma a especias y sabor intenso, que sólo puedes comer un trocito. Dice Dirk que en su casa se dejaban reposar hasta semanas en la despensa antes de poder probarla, para que se intensifiquen los sabores. Nosotros no hemos podido esperar, pero sí es cierto que con el paso de los días la textura y el sabor han ido variando, apreciándose distintos matices.

lunes, 26 de marzo de 2012

Crema de espárragos blancos frescos


   Que alegría cuando empiezan a aparecer los primeros espárragos blancos frescos... hasta el año pasado no los había probado, pero no por ganas, si no por no encontrarlos. Ahora que durante toda la primavera están tan a mano en el super, no puedo resistirme y repetimos cena una y otra vez, nos encantan.

   Aunque otro día os enseñaré cómo suelo prepararlos, hoy os traigo una crema de espárragos muy fácil y ligera que he sacado de una revista de recetas que me han regalado con la compra. Ideal para tomar templada, está riquísima, y además de ser muy sana, tiene un sabor muy suave que nos ha encantado.

   Las yemas de espárrago fritas ha sido otro descubrimiento. Con un sabor más parecido a los espárragos verdes a la plancha, le dan un toque estupendo a la crema, que también podemos acompañar de unos trocitos de jamón.

jueves, 22 de marzo de 2012

Ensalada de tallos de brócoli con aliño de soja y jengibre


   No, no me he vuelto loca. No, no estoy en operación biquini. Seguro que pensáis algo así después de ver la receta de Pak choi salteado con miso y vinagre balsámico y ahora una receta de ¿tallos de brócoli? Pues si. Es que en casa comemos raro, qué vamos a hacerle...

   Mi nevera y despensa son una mezcla de salsas (soja, teriyaki, otras salsas japonesas...), jamón del güeno, chorizos, jengibre, pastas asiáticas distintas, verduras extrañas... seguro que más de uno de los que pasáis por aquí me entendéis. Otros seguro que no. 

   La idea de guardar los tallos del brócoli (si, el troncho verde) para comerlo crudo en ensalada me la dio mi padre. No se si estas ideas se las inventa, le vienen de siempre de cuando mi abuelo tenía la huerta, o es que se dedica a investigar técnicas de nueva cocina. Lo que se es que él aprovecha todo. Es de los que se come las cabezas del pescado, las cosas que llevan mucho tiempo en la nevera... y los tronchos del brócoli.

   Y algo se tenía que pegar, claro. La verdad es que cuando lo preparó en casa me gustó mucho. Sólo para amantes de lo verde. Sabor a huerta, suave, crujiente... desde entonces en mi casa no se tira nada del brócoli, y eso que comemos mucho. Mi pinche hasta ahora se niega a probarlo, algún día le picará la curiosidad y ya veréis cómo le gusta.

   Normalmente lo preparo con un aliño normal y unos ajitos picados, como la escarola, si acaso con unos tomatitos cherrys. Pero hoy quería darle un toque más especial y enseñaros este aliño de soja y jengibre. Ideal para este tipo de ensaladas de brotes crujientes. Pero suavizado con un poco de aceite está también muy bueno con una ensalada más normal. A esto sí le ha dado el pinche el visto bueno. Está inspirado en una receta del libro La Dieta de los palillos. 

   Espero que os guste tanto cómo a mi. Porque además más sano no puede ser. Si el brócoli tiene muchísimas propiedades, además de ser ligero y estar cargadito de vitaminas, comiéndolo crudo estoy segura de que todas estas bondades se multiplican por 100, ya que no se pierde nada de nada por el camino. 

martes, 20 de marzo de 2012

Mini quiches de brócoli, tomatitos cherry y sobrasada



   Me encantán las quiches. Se preparan rapidísimo, se pueden dejar listas con antelación, son ideales para llevar de picnic o a una merienda... y se pueden hacer de los ingredientes que más nos apetezcan. Aquí en el blog hace tiempo ya publiqué una de salmón, brócoli y queso azul, pero también en I Love Tapas y Mumumío he publicado alguna distinta, como este original de zanahorias, jengibre y cilantro o este de tres quesos con cebolla caramelizada. ¡Siempre están buenas!

   En casa había hecho alguna vez quiche con sobrasada. Y la receta es tan sencilla que me daba hasta cosa publicarla. Pero hace poco me compré unos moldecitos desmontables individuales y estaba deseando estrenarlos. Así que he repetido receta y os traigo esta quiche de brócoli, cherrys y sobrasada, que está buenísima, con el dulce de las verduras y el picante de la sobrasada, nos encanta.

   Además, si la sobrasada viene directamente desde Mallorca, (gracias una vez más Teresa, estaba buenísima, la hemos aprovechado hasta el final) el resultado es espectacular.

   Para la base, lo que más os guste. Masa quebrada casera es lo mejor. Si no, a mi me gusta mucho cómo queda con hojaldre comprado. También otro tipo de masa, como una tipo brisa que he utilizado yo esta vez (ya que mi pinche me hizo el favor de bajar a comprar "hojaldre" al super... Pinche, apunta: hojaldre, en alemán, Blätterteig) también queda buenísimo.

jueves, 15 de marzo de 2012

Pak choi salteado con miso y vinagre balsámico


   Desde que estoy en Viena, como hay algunas verduras a las que estoy acostumbrada que no encuentro por aquí, me he ido animando a probar todo lo que veo en el mercado. Lo último, una que compré en Italia que no sabía lo que era... una especia de borraja que resultó ser achicoria y que simplemente rehogada con ajos estaba buenísima.

   Pero la col china y el pak choi tienen ya un hueco permanente en mi nevera. Hoy os quiero mostrar una manera facilísima de preparar esta última a la que nos hemos enganchado. Simplemente rehogada y con un aliño de pasta miso, vinagre balsámico y aceite de oliva. 

   Los pak choi son como una acelga pequeñita, muy común en los países asiáticos. Es donde la compro yo, en las tiendas de productos asiáticos, en la zona de neveras, donde a veces también compro otras verduras más corrientes, que son bastante buenas. Empecé a comprarla para utilizarla en salteados con más cosas, tipo wok de verduras. Ahora las compro en bolsas de 1 kilo y las comemos solas... que ricas.

   La idea de prepararlo así, tanto la forma de cocinarlo como el aliño, lo saqué de The stone soup, un blog vegetariano de recetas super sencillas que me gusta mucho, y del que suelo sacar algunas buenas ideas. Me gusta porque cocina siempre con 5 ingredientes, siempre busca respetar el sabor de cada alimento y da muy buenas pautas para comer más verdura, y sobretodo verduras distintas o utilizadas de distinta manera.
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