De mi último viaje a Pontevea, en A Coruña, me traje una tremenda empanada (gracias Mari Carmen), un montón de verduras de la huerta (gracias Manolo), la tripa a rebosar y esta estupenda receta de mejillones, que Mari Carmen nos ponía con una cervecita después de la piscina y antes de los percebes... ¿existe una vida mejor?
La receta os la daré sin cantidades, que es como me la dio María, ya que así se la dio su madre. Bueno, ya sabéis como es esto de las recetas. Es importante que las verduras estén muy hechas y que el plato se sirva bien frío.
El primer bocado sorprende, porque te esperas un sabor a vinagreta, por el aspecto del plato, pero no tiene nada que ver. Están buenísimos, ya vereis.
Ingredientes:
- Unos buenos mejillones, unos 2 kilos
- 1 cebolla
- 1 diente de ajo
- 1 pimiento verde
- 1 pimiento rojo
- Perejil
- Coñac
- Vino blanco
Preparación
Lo primero que tenemos que hacer es abrir los mejillones. Como no vamos a usar las cáscaras, tan sólo debemos quitarles la suciedad y las barbas, no hace falta esmerarse en limpiar las conchas.
Los ponemos en una cazuela ancha con un fondo de agua y los retiramos según se vayan abriendo. El agua resultante de abrirlos la colamos y reservamos.
Picamos las verduras y las doramos en una cazuela. Cuando empiecen a tomar color, añadimos el perejil muy picadito, un buen chorro de vino, otro de coñac y algo de agua de los mejillones. Cocinamos a fuego medio hasta que las verduras estén bien hechas. El caldo tiene que quedar muy reducido, pero añadiremos más agua de los mejillones si vemos que se nos queda demasiado seco.
Cuando estén listas las verduras añadimos los mejillones sin cáscara y dejamos cocer 5 minutos para que se integren bien los sabores. Cuando se temple lo dejamos enfríar en el frigorífico, se conserva bien varios días.
Servimos bien fresquito acompañado de una cervecita o un buen alvariño, ¡y a disfrutar del aperitivo!
