martes, 29 de mayo de 2012

Berenjena con pollo al curry


   Lo primero pedir disculpas por haber tenido esto tan abandonado. La mudanza, la búsqueda de piso y los comienzos en Linz nos han llevado más tiempo y trabajo del esperado, y por si fuera poco, la conexión a Internet ha sido limitada. Pero ya estoy de vuelta. No prometo un ritmo frenético de publicaciones, pero bueno, a ver si puedo ir mostrándoos algunas recetas que hemos hecho últimamente.

   Ya estoy adaptada al ritmo austriaco. Comer a las 12, cenar pronto y que luego siga la tarde... vale. Realmente a las 12 de la mañana creo que podría comerme un caballo, y más ahora que ya me he habituado. Pero a lo que no me hago es al tipo de comida que comen mis compañeros. Cuando no bajan al menú del día, con sopa y plato bien contundente, todos todos los días comen de forma invariable distintas combinaciones de pan, tomate, queso, embutido y Aufstrich (pastas untables a base de queso). A veces en un alarde de originalidad, añaden pepino o pimiento. Pero cada uno de ellos cambia como mucho 1 ingrediente nuevo a lo largo de su menú semanal...

   Perdónenme, yo me llevo mi tupper. Pisto, pasta, albóndigas, arroz, verduras... o berenjena y pollo al curry. Buenísimo con un poco de arroz. Nacida de una improvisación, esta receta se queda en casa.

   No le llamo curry de berenjenas porque no me he basado en ninguna receta, porque no es caldoso, ni lleva leche ni crema... pensé echarle un poco de nata al final, pero se me olvidó. Y la verdad es que no lo eché de menos. Y mira, así más ligero, que siempre viene bien.

   Os dejo con la receta, espero que os guste tanto como a nosotros.

miércoles, 2 de mayo de 2012

Canelones ligeros de espinacas y queso de cabra



   Estamos en plena operación de vaciado de despensa y congelador antes de la mudanza. Y la verdad es que nos estamos poniendo las botas. En este caso ha sido el turno de las espinacas y la pasta fresca para lasaña que me traje de Italia.

   Si, después de preparar la lasaña de carne, tomate y ricotta, congelé lo que me sobraba en dos paquetes de 4 láminas cada uno. He tenido cuidado de que siempre estuviera el paquete plano y cuidado… aunque no sabía si resultaría la pasta congelada. Pues si. Dejamos descongelar suave, y cocemos de la forma normal. Queda perfecta. 

   Si no tenéis láminas de pasta fresca, estos canelones se pueden preparar con láminas de lasaña o canelones normales. De echo mi pinche ya me ha dicho que va a ir a comprarlos porque esta receta la vamos a hacer muchas veces en casa. 

   Y es que le han encantado estos canelones. Se pueden hacer con mucha más bechamel, para que el sabor sea mucho más suave y cremoso. Pero que vamos a hacerle si en casa nos gustan las verduras. Le hemos puesto la salsa justa para que el relleno ligue y para que se pueda gratinar. Y para mí es suficiente. Y además más ligero…

Ingredientes, para 2 personas:
-          4 láminas grandes de pasta para lasaña, u 8 normales
-          200g de espinacas
-          1 puñadito de pasas
-          1 cebolla
-          1 cucharada de piñones
-          2 lonchas de jamón
-          1 trozo de queso de cabra de rulo
-          1 vaso de leche
-          1 cucharada de harina
-          Queso que funda como mozarella, y queso en polvo para gratinar (o el mismo para las dos cosas)
-          Sal, aceite de oliva, pimienta, nuez moscada

Cómo preparar los canelones ligeros de espinacas y queso de cabra:

   Picamos la cebolla en trozos pequeños y la ponemos a pochar en una sartén grande con un poco de aceite y una pizca de sal. Ponemos a hidratar las pasas en agua tibia (o en ron o whisky, que se que os gusta…) y picamos en jamón en trocitos pequeños.

   Mientras, cocemos las espinacas unos 10 minutos en agua hirviendo con sal (mucho menos tiempo si son frescas).

   Cocemos la pasta. En mi caso, al ser pasta fresca, la intruducimos en agua hirviendo un minuto, y luego unos segundos en agua fría. Para pasta seca, seguir las instrucciones del fabricante. La salsa que vamos a usar es muy seca y lleva poco tiempo de horno, así que no podemos usar placas precocidas. O sí, pero habrá que cocerlas un poco para que queden tiernas, además de para poder moldear los canelones.

   Cuando las espinacas estén hechas, las escurrimos en un colador apretando muy bien con una cuchara, para que suelten todo el agua. No hay cosa que me guste menos que unas espinacas hervidas y mal escurridas…

   Cuando la cebolla esté transparente, añadimos los piñones y las pasas y dejamos cocinar un par de minutos. Entonces incorporamos el jamón, y en cuanto cambie de color, las espinacas escurridas. Mezclamos bien y retiramos del fuego.

   Hacemos la bechamel. Para ello, tostamos la harina con un chorrito de aceite caliente durante unos minutos. Vamos añadiendo la leche poco a poco, revolviendo con las varillas hasta que se incorpore a la harina. Repetimos hasta tener una bechamel bastante líquida. Añadimos un poco de sal, pimienta y una pizca de nuez moscada y mezclamos bien.

   Si no os animáis a hacer la bechamel en casa, que no sea esto lo que os frene para no hacer esta receta. Podéis comprarla de bote. No tiene nada que ver, pero si es la manera que que os animéis a hacer canelones, adelante, no se lo diremos a nadie.


   Mezclamos la mitad de la bechamel con las espinacas. No tiene que quedar una mezcla blanca, si no lo justo para que sea una crema manejable para rellenar los canelones. Cortamos el queso de cabra en daditos, o lo desmenuzamos, y lo mezclamos con el relleno aún tibio para que se deshaga un poco.

   En el resto de la bechamel aún caliente disolvemos un poco de queso mozarella.

   Ponemos una buena cucharada de relleno en cada lámina de pasta y las vamos enrollando para formar los canelones. Los colocamos en una fuente de horno y ponemos la bechamel por encima. Espolvoreamos con queso rallado o en polvo. 

   Gratinamos lo justo para que se dore un poco el queso y a disfrutar.

martes, 17 de abril de 2012

Tosta de lacón con puré de patata y crujiente de pimentón


   Esta receta la tenía en mente desde hace mucho tiempo. Por una cosa o por otra no terminaba de ver el momento de prepararla, y cuando vinimos a Austria, al no poder encontrar lacón, quedó olvidada. Pero hace poco me acordé de ella y en la última escapada de mi pinche a casa le pedí que trajera un poco de lacón. La espera ha valido la pena, nos ha encantado. 

   Es un aperitivo un poco elaborado, pero muy fácil, además de barato. Una forma distinta de presentar el lacón a la gallega, que en casa solíamos hacer a veces: patatas cocidas en rodajas, lacón, y por encima un poco de pimentón y un hilo de aceite de oliva. Unos segundos de microondas para que se temple y a disfrutar.

   Pero la presentación de hoy merece mucho la pena. El crujiente de pimentón se lo vi preparar a Arguiñano hace años, aunque creo que lo utilizaba como picatostes para un puré. Entonces se me ocurrió la idea de este aperitivo, y aún no se porqué no lo he preparado antes. Con un poco de pulpo en vez de lacón tiene que estar buenísimo también.

   Pocas veces preparo puré de patata. Nunca ha sido santo de mi devoción. Pero este con aceite de oliva virgen extra está buenísimo. ¿De quien fue la idea de ponerle mantequilla al puré en vez de aceite? Con el saborcito del aceite está como para comerlo a cucharadas. Y tengo que confesar que aunque no he metido la cuchara, mientras esperaba a que se terminara de hornear el pan, sí que he metido el dedo más de una vez… 

jueves, 12 de abril de 2012

Sopa minestrone con chorizo


   Antes de venir a Viena, a veces compraba sopa de brick para tener de fondo de despensa. Desde que estoy aquí ya no lo hago. Uno, porque no hay, que quieras que no, es una razón importante. Dos, porque en el supermercado venden unos ataditos de verduras preparados para sopa, que quien no hace sopa de verduras, es porque no quiere.

   Una o dos zanahorias, una zanahoria amarilla, un trozo de puerro, perejil y varios trozos de tubérculos de nombre desconocido para mi. En casa le añado un ajo partido por la mitad y si tengo un trozo de apio o un poco más de puerro, 2 o 3 litros de agua, sal y a veces un poco de tomillo u otra hierba. Cocer 20 minutos en la olla rápida y tenemos un fondo de verduras para lo que vaya surgiendo durante la semana. Y baratísimo, menos de 1€. 

   Y una se acostumbra a lo bueno, y ya de bricks o pastillas nada de nada. Cualquier verdura que haya en la nevera, vale para hacer un caldito. O guardar el agua de cocer las vainas. Un poco de sopa en la nevera siempre viene bien. Y si no la vamos a usar, congelada en raciones de 1/2 litro en bolsas de congelar.

   Así, con un poco de sopa que quedaba y ganas de preparar algo rápido, surgió esta minestrone con chorizo hace unos meses. Ya veníamos haciendo algo parecido con un poco de jamón, o jamón york... otras veces. Pero el chorizo fue todo un descubrimiento. Y se ha convertido en un clásico en casa.

martes, 10 de abril de 2012

Costillas de cerdo a la soja y miel:


   En mi casa las costillas de toda la vida se hacen de la forma más rápida y fácil. Al horno fuerte, en menos de media hora la cena lista. Si acaso, adobadas un rato antes. A mi me encantan así, pero a mi pinche eso de rebañar los huesos no le gusta nada. Le gustan muy hechas, que la carne se separe sola del hueso, como en los restaurantes americanos. Y con ese saborcito a barbacoa...

   A mi es verdad que así me gustan mucho también, pero no quería esta vez tirar de salsas industriales, y además me apetecía un toque distinto...
   
   Navegando en busca de inspiración surgió esta forma de prepararlas. Los tiempos y la idea, de Carlos Dube, Mercado Calabajío. La salsita de soja y miel de las chicas de Gastromaniac. Y no me equivoqué con la elección. Riquísimas, tiernas y jugosas, con un exterior un poquito dulce pero nada empalagoso, toda una delicia. 
   
   Para acompañar, unas patatas panadera al horno. El truco es cortarlas muy finitas para que se hagan a la vez que se doran las costillas. Con un poco de cebolla y hierbas aromáticas al gusto, están riquísimas, y mucho más sanas que fritas en aceite.

martes, 3 de abril de 2012

Linzertorte o tarta de Linz


   La receta de hoy viene con historia. Es una Linzertorte, tarta de Linz. Linz es la capital de la Alta Austria, y aunque esta tarta es muy conocida por todo el país, así como en los países vecinos, tal y como su nombre indica, procede de la ciudad de Linz. 

   La receta de esta tarta dicen que es la más antigua del mundo, ya que existen referencias escritas con la receta desde 1696. La que os traigo hoy no se si se parece o no a aquella tarta original. Pero mi amigo Dirk la ha probado y dice que sí se parece mucho a las que hacía su madre en Alemania cuando eran pequeños. Así que algo sí se parecerá. 

   ¿Y porqué os la traigo? Primero, porque está buenísima. Segundo, porque curiosamente, nuestro tiempo en Viena está muy ligado a esta tarta. Nada más llegar hace un año y medio, para celebrar el cumpleaños de mi pinche y el de su familia, la compramos en el super. No teníamos ni idea de repostería austriaca ni de recetas tradicionales. No habíamos oído hablar de ella. Y me encantó. Hace cosa de un mes, invitamos a Laura a comer a casa de forma improvisada, y como quería traer algo de postre, la compró. No sabía si la habíamos probado o no... Creo que son las únicas dos veces que hemos comido tarta comprada en casa desde que estamos aquí. Y las dos veces la misma.

   Pues bien. A mediados de abril, dejamos Viena. Me ha salido un trabajo en otra provincia y tenemos que mudarnos a todo correr y comenzar con una nueva aventura. ¿Sabéis dónde? Sí, en Linz.


   Así que aquí está mi pequeña celebración, mi momento emotivo, mi homenaje dulce. Una tarta contundente, con aroma a especias y sabor intenso, que sólo puedes comer un trocito. Dice Dirk que en su casa se dejaban reposar hasta semanas en la despensa antes de poder probarla, para que se intensifiquen los sabores. Nosotros no hemos podido esperar, pero sí es cierto que con el paso de los días la textura y el sabor han ido variando, apreciándose distintos matices.
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